Recensiones

23 de marzo, 2021 - Fotografías y libros - Comentar -

C.S. Lewis

Cartas del diablo a su sobrino


Clive Staples Lewis (Belfast, Irlanda del Norte, 29 de noviembre de 1898 – Oxford, Inglaterra, 22 de noviembre de 1963), popularmente conocido como C. S. Lewis, y llamado Jack por sus amigos, fue un medievalista, apologista cristiano, crítico literario, académico, locutor de radio y ensayista británico. Es también conocido por sus novelas de ficción, especialmente por las Cartas del diablo a su sobrino, Las crónicas de Narnia y la Trilogía cósmica, y por ensayos apologéticos como Mero Cristianismo, Milagros o El problema del dolor. Lewis fue un amigo cercano de J. R. R. Tolkien, el autor de El Señor de los Anillos. Ambos autores fueron prominentes figuras de la facultad de Inglés de la Universidad de Oxford y miembros activos del grupo literario informal de Oxford conocido como los "Inklings". De acuerdo a sus memorias denominadas Sorprendido por la alegría, Lewis fue bautizado en la Iglesia de Irlanda cuando nació, pero durante su adolescencia se alejó de su fe. Debido a la influencia de Tolkien y otros amigos, cuando tenía cerca de 30 años, Lewis se reconvirtió al cristianismo, siendo "un seglar muy común de la Iglesia de Inglaterra".Su conversión tuvo un profundo efecto en sus obras, y sus transmisiones radiofónicas en tiempo de guerra sobre temas relacionados con el cristianismo fueron ampliamente aclamadas. En 1956 contrajo matrimonio con la escritora estadounidense Joy Gresham, 17 años menor que él, que falleció cuatro años después a causa de un cáncer óseo, a la edad de 45 años. Lewis murió tres años después de su esposa, en 1963, debido a una insuficiencia renal. Las obras de Lewis han sido traducidas a más de 30 idiomas, y ha vendido millones de copias a través de los años.1


Juan Crisóstomo

Las catequesis bautismales


Las Catequesis bautismales, dentro de la amplia producción de san Juan Crisóstomo, ocupan un puesto importante no solamente por el gran número de las que han llegado hasta nosotros (doce, en conjunto), sino, sobre todo, porque ellas vienen a representar una fuente preciosa para la historia de la concepción y de la liturgia bautismal en Antioquía, una de las sedes más ilustres de la Iglesia oriental, al final del siglo IV. Juan Crisóstomo, ordenado de sacerdote el 16 de febrero del año 386, al comienzo de la Cuaresma, empezó enseguida su actividad de predicador, cuyos primeros testimonios son las Ocho homilías sobre el Génesis, desarrolladas durante el mismo año. Pertenecen a la Cuaresma del año 387 las veintiún Homilías sobre las estatuas, con las cuales Juan Crisóstomo, junto con la participación del obispo Flaviano, logró interrumpir y evitar represiones sangrientas ulteriores, por parte del poder imperial, como consecuencia de la sedición popular que llegó a mutilar las estatuas de Teodosio y de su familia. San Juan Crisóstomo, desde el comienzo de su actividad pastoral, reveló una clara y penetrante concepción del bautismo debida, ya sea a su experiencia personal, que con frecuencia subraya en las Catequesis 15, ya sea también a la tradición presente en la Iglesia de Antioquía. Su estilo sencillo y vivo, que, aun en la inmediata y constante relación con el auditorio, conserva siempre la impronta de la pura elocuencia ática, nos permite comprender sin dificultad su pensamiento. El primer aspecto fundamental que san Juan Crisóstomo capta en el bautismo es el sentido del misterio que lo rodea y que la misma expresión «sacramento», si se entiende en su acepción original, siempre refleja. 

San Agustín

Confesiones


Confesiones es un libro en el que san Agustín escribió acerca de su juventud pecadora y de cómo se convirtió al cristianismo. Es ampliamente aceptada como la primera autobiografía occidental jamás escrita, y se convirtió en un modelo para otros autores cristianos de los siguientes siglos. No es una autobiografía completa pues fue escrita tras sus primeros 40 años de vida y vivió hasta los 76, tiempo durante el cual produjo otros importantes trabajos, entre ellos La ciudad de Dios. De todos modos, proporciona gran información sobre la evolución de su pensamiento en sus primeros años. El libro es un acabado trabajo de filosofía y también un importante aporte a la teología. La obra está dividida en 13 libros. En ellos se narra la niñez de Agustín, su adolescencia y juventud, su carrera académica, su estancia en el maniqueísmo, su proceso personal de acercamiento al cristianismo (ya conocido en la niñez), su conversión, y sus primeras experiencias como católico. Las confesiones son obra capital de Agustín de Hipona. Constituye, asimismo, un reconocimiento de la grandeza y bondad de Dios. “Grande eres, Señor, y laudable sobremanera grande tu poder, y tu sabiduría no tiene número ¿Y pretende alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación, y precisamente el hombre, que, revestido de su mortalidad, lleva consigo el testimonio de su pecado y el testimonio de que resistes a los soberbios? Con todo, quiere alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación. Tú mismo le excitas a ello, haciendo que se deleite en alabarte, porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. (Confesiones L.I, cap 1)

J.B Chautard

El alma de todo apostolado

Dom Jean-Baptiste Chautard nació 12 de marzo 1858 en Briançon y murió 29 de septiembre 1935 Monk como monje. Inicialmente, fue monje en la abadía de Nuestra Señora Aiguebelle y más tarde abad de la Abadía de Sept-Fons desde 1.899 hasta 1.935. Dom Jean-Baptiste Chautard escribió un famoso libro, “El alma de todo apostolado” editado por primera vez bajo el nombre de “Apostolado de la vida interior” y “el catecismo” escrito en el barco que conduce a Brasil. Este libro, en su primera versión (1907) es para los religiosos de la Sagrada Familia del Sagrado Corazón, fundada por su amigo el jesuita Luis Rabussier pero, en su forma completa, está destinado a los seminaristas y sacerdotes. Durante casi cincuenta años fue un clásico esencial de la espiritualidad francesa y su influencia internacional fue considerable. Este libro hace hincapié en los medios para obtener y mantener la unión con Dios mediante la oración, la oración del corazón, la vida litúrgica, la negación. Condena especialmente la llamada “herejía de la acción” que olvida la primacía de la vida interior y la importancia de la vida espiritual en el apostolado. La herejía de la acción (activismo) o "americanismo" significa un creciente peligro en algunos aspectos de la nueva evangelización. “¡Herejía de las obras! La actividad febril en lugar de la acción de Dios; la ignorancia de la gracia; la soberbia del hombre que pretende destronar a Jesús; el considerar como meras abstracciones, al menos en la práctica, la vida sobrenatural, el poder de la oración y la Economía de la Redención, son casos nada imaginarios que se presentan y que, en diversos grados, un análisis de las almas acusa con frecuencia en este siglo de naturalismo en el que el hombre juzga según las apariencias y obra como si el éxito de su empresa dependiera principalmente de lo ingenioso de su organización. Aun a la luz de la filosofía, y prescindiendo de la revelación, seria digno de lástima el hombre de valer que se negara a reconocer que todos los talentos que los demás admiran en él, los ha recibido de Dios”. (Alma de todo apostolado n.15) El lector encontrará en el libro una gran idea: la vida de un cristiano no tiene sentido si no cumple el mandato de Cristo de acercar a Dios a sus iguales. El autor se propuso la tarea de poner de relieve que el cristiano no sería buen cristiano a menos que se volcara en una presencia activa en medio de los hombres y en la sociedad misma; pero, por otra parte, llegaría indefectiblemente al propio agostamiento, si no atendiera al cuidado de su propia alma, es decir, si no tuviese la continua preocupación de estar unido a la vida, de la cual él es sólo un sarmiento. Los frutos dependen de esta unión, pues, sin la savia, el sarmiento se seca. 

Hans urs von Blthasar

Gloria

Hans Urs von Balthasar nació en Lucerna (Suiza) en 1905. Realizó estudios de música, filología germánica y filosofía en Viena, Berlín y Zúrich. En 1929 entró en la Compañía de Jesús. En su formación teológica son decisivas las relaciones con Erich Przywara y Karl Barth, pero sobre todo destacan dos encuentros en particular: con Henri de Lubac, su maestro en teología, y con Adrienne von Speyr, junto a la que comenzó una experiencia de vida religiosa centrada en una visión trinitaria de la vida cristiana y en una presencia activa en el mundo. Al mismo tiempo funda y dirige la editorial Johannes Verlag, que se propone publicar los escritos de los Padres de la Iglesia y de algunos teólogos que situaron como centro de su reflexión a Cristo. Su pensamiento teológico está dominado por la idea de que sólo el amor es creíble. Sobre este fundamento von Balthasar construyó su vasta obra teológica cuya forma más acabada se encuentra en la trilogía Gloria, Teo dramática y Teológica. En reconocimiento a su persona como punto de referencia para toda la teología católica, fue nombrado cardenal por el papa Juan Pablo II pocos días antes de su muerte, acaecida el 26 de junio de 1988. Como él mismo afirma: «El propósito de la presente obra es desarrollar la teología cristiana a la luz del tercer trascendental, es decir, completar la visión del verum y del bonum mediante la del pulchrum. Mostraremos hasta qué punto el abandono progresivo de esta perspectiva (que tan profundamente configuró en otras épocas a la teología) ha empobrecido al pensamiento cristiano. Por consiguiente, no se trata de abrir para la teología un cauce secundario y más o menos experimental, impulsados tan solo por una vaga y nostálgica melancolía, sino más bien de retrotraerla a su cauce principal, del que, en gran parte, se había desviado». El esquema general de “Gloria” es el siguiente: Parte primera: Una estética teológica Vol. 1. La percepción de la forma. Parte segunda: Formas de estilo Vol. 2. Estilos eclesiásticos Vol. 3. Estilos laicales. Parte tercera: Metafísica Vol. 4. Edad Antigua Vol. 5. Edad Moderna. Parte cuarta: Teológica Vol. 6. Antiguo Testamento Vol. 7. Nuevo Testamento. Título original de la obra: Herrlichkeit. Para la edición española Ediciones Encuentro Cedaceros, ISBN.: 84-7490-131-6

E. H. Gombrich

Historia del arte


Su Historia del arte, publicada por primera vez en 1950 fue ampliamente difundida, ya que es un texto de divulgación (en 2005 alcanzó su 16ª edición en inglés). Originalmente dirigida a lectores jóvenes, se han vendido millones de ejemplares y ha sido traducida a más de 20 idiomas. La Historia del arte es una de las obras sobre arte más famosas jamás publicadas. Durante más de cinco décadas no ha tenido rival como introducción al arte en su totalidad, abarcando desde las primeras pinturas rupestres hasta el arte experimental contemporáneo. Lectores de todas las edades y culturas han sabido hallar en el profesor Gombrich a un auténtico maestro, en quien conocimiento y sabiduría se conjugan con un don único para comunicar de manera clara su profundo fervor por las obras de arte objeto de su estudio. Como él mismo escribe en su Prefacio: “Este libro se dirige a todos aquellos que sienten la necesidad de una primera orientación en un terreno fascinante y extraño. Desea mostrar a los recién llegados a él los yacimientos de este terreno sin abrumarles con pormenores; confío en facilitarles algún orden inteligible dentro de la abundancia de nombres, épocas y estilos que colman las páginas de obras más ambiciosas, y prepararles así para que consulten libros más especializados. Los lectores en quienes ante todo y principalmente he pensado al proyectar y escribir esta obra son los jóvenes que acaban de descubrir el mundo del arte por sí mismos. Pero nunca he creído que los libros para jóvenes deban diferenciarse de los libros para adultos, salvo en que se las han de ver con críticos más exigentes, muy rápidos en descubrir y delatar cualquier indicio de jerga pretenciosa o falso sentimentalismo. Conozco por experiencia que tales defectos pueden hacer que algunas personas desconfíen de todos los escritos sobre arte durante el resto de sus vidas. Me he esforzado sinceramente en eludir esas añagazas y emplear un lenguaje sencillo, aun a riesgo de parecer un intruso o profano en la materia. Confío en que los lectores no atribuirán mi decisión de servirme del mínimo de los términos convencionales, propios de los historiadores de arte, a ningún deseo por mi parte de descender hasta ellos. ¿Acaso no son, con mayor motivo, los que abusan de un lenguaje científico —no para ilustrar sino para impresionar al lector— quienes descienden hasta nosotros como si vinieran de las nubes?” Una verdadera obra maestra.

Henri J. Nouwen

El regreso del hijo pródigo

Este libro es un comentario sobre la parábola del hijo pródigo, a partir de un cuadro de Rembrandt sobre el mismo tema y de la propia experiencia personal del autor. En él, Nouwen analiza tres fases de su vida espiritual a partir de esa parábola. La obra consta de tres grandes bloques, que van acompañados por un prólogo, una introducción, una conclusión y un epílogo. Cada uno de los tres grandes bloques aborda la visión de un personaje: el hijo menor, el hijo mayor y el padre. Prólogo. Encuentro con un cuadro Un encuentro aparentemente insignificante con un cartel representando un detalle de El Regreso del Hijo Pródigo de Rembrandt hizo que comenzara una larga aventura espiritual que me llevaría a entender mejor mi vocación y a obtener nueva fuerza para vivirla. Los protagonistas de esta aventura son un cuadro del siglo XVII y su autor, una parábola del siglo I y su autor, y un hombre del siglo XX en busca del significado de la vida. La historia comienza a finales de 1983 en el pueblo de Trosly, Francia, donde estaba pasando unos meses en El Arca, una comunidad que acoge a personas con enfermedades mentales. Fundada en 1964 por Jean Vanier, la comunidad de Trosly es la primera de las más de noventa comunidades El Arca esparcidas por todo el mundo. Un día fui a visitar a mi amiga Simone Landrien al pequeño centro de documentación de la comunidad. Mientras hablábamos, mis ojos dieron con un gran cartel colgado en su puerta. Vi a un hombre vestido con un enorme manto rojo tocando tiernamente los hombros de un muchacho desaliñado que estaba arrodillado ante él. No podía apartar la mirada. Me sentí atraído por la intimidad que había entre las dos figuras, el cálido rojo del manto del hombre, el amarillo dorado de la túnica del muchacho, y la misteriosa luz que envolvía a ambos. Pero fueron sobre todo las manos, las manos del anciano, la manera como tocaban los hombros del muchacho, lo que me trasladó a un lugar donde nunca había estado antes. Dándome cuenta de que ya no estaba prestando atención a la conversación, dije a Simone: “Háblame de ese cartel”. Ella dijo: “Es una reproducción de El Regreso del Hijo Pródigo de Rembrandt, ¿te gusta?” Seguí mirando fijamente el cartel y por fin tartamudeé: “Es muy bonito, más que bonito… me entran ganas de reír y llorar al mismo tiempo... no puedo decirte lo que siento cuando lo miro, pero me conmueve profundamente.” 

Joseph Tissot

La vida interior

Joseph Tissot fue superior general de los Misioneros de San Francisco de Sales cuando esta obra le fue entregada por un escritor anónimo, con la confianza de hacer con ella lo que quisiera. Tissot la adaptó, le dio el título y desde su primera edición en París en 1894, se ha convertido en un clásico de la espiritualidad. Es una obra escrita con clara sencillez que destaca que no puede haber vida cristiana sin unión con Dios; la razón es la primera servidora de la fe; no debe exagerarse la importancia de los medios, los cuales deben ser acciones para conseguir lo que realmente importa, la unión con Dios. Una obra de la que brota una cálida cordialidad y una firme persuasión que inclina la razón y orienta la voluntad hacia la amistad con Dios. No me resisto a transcribir parte de la dedicatoria que el mismo autor escribió: “Las páginas que componen este precioso libro no son mías. Su autor me las dió manuscritas, dándome libertad para hacer de ellas el uso que quisiera. (…) ¿Qué encerraba este manuscrito? En substancia nada de nuevo; porque partiendo del tan conocido Principio o Fundamento de San Ignacio, admirablemente comentado, llega a conclusiones que la lógica más sencilla basta para deducir. Pero precisamente, esa sencillez y esa lógica irresistible de su argumentación, junto a la asombrosa riqueza de textos sagrados can que está corroborada, es lo que me ha encantado. No abundan, en nuestro siglo sobre todo, los tratados espirituales que apoderándose de la inteligencia la persuadan, con ayuda de la razón y de la fe, obligándola a orientar la voluntad hacia el deber y la perfección. Y esta base es bastante más sólida que la del sentimentalismo, tan explotado en nuestros días, puesto al servicio, o mejor dicho, en perjuicio de la piedad ¿Está acaso el sentimiento excluido de estas páginas? Podría afirmarse esto al ver los esfuerzos que hace el autor para reducirlo a segundo término. Sin embargo, de la luz de una doctrina clara e irrefutable brota pronto un calor que se apodera del corazón: La gran ley del amor, Diliges Dominum, desprendiendo al alma de toda mira egoísta, la penetra con un fuego benéfico, activo y rico en suaves consuelos. Y así ocurre que, en apariencia sin quererlo, pero en realidad por una consecuencia eminentemente lógica, este libro sube de las regiones del ascetismo a las del más seguro y delicado misticismo. Y por esto mismo -y es lo que para mí le da un atractivo familiar- esta doctrina se identifica con la de San Francisco de Sales y con la de sus mejores intérpretes”   

Vittorio Messori

Leyendas negras de la Iglesia


Vittorio Messori (1941) es un periodista y escritor católico italiano, nacido en Sassuolo cerca de Módena. Es considerado como el escritor de temas católicos más traducido del mundo. Si bien fue bautizado al nacer, Messori fue criado en el seno de una familia anticlerical y el propio Vittorio se negaba a tener relación alguna con la Iglesia, hasta que en sus años universitarios se convirtió al cristianismo, al igual que su amigo André Frossard. Se graduó en un reconocido liceo de Azeglio en Turín. Se doctoró en ciencia política con una tesis sobre el Risorgimento del siglo XIX. En sus principios Messori era editor y luego líder de la oficina de prensa de una gran casa editorial. Durante años se desempeñó como cronista de la Stampa Sera, posteriormente pasó a ser redactor del diario La Stampa y el semanario Tuttolibri. Es un profundo investigador del cristianismo y especialmente del catolicismo. Sus obras más influyentes fueron: Hipótesis sobre Jesús (1977), Opus Dei (1996), El informe Ratzinger (1987). Fue el primer periodista en realizar una larga entrevista al Papa Juan Pablo II, que se publicó en un libro titulado Cruzando el Umbral de la Esperanza (1994). Su investigación en España sobre el Milagro de Calanda tuvo como resultado su libro El Gran Milagro (1998). A lo largo de los siglos han ido naciendo diversas leyendas negras sobre la Iglesia que han llegado a sustituir en la mente de muchos a la verdadera historia. Estos relatos y leyendas se aceptan a veces sin sentido crítico. Es importante tener un conocimiento histórico riguroso, tan alejado de la apología sin fundamento como de la propaganda sectaria. La verdad -en este caso, la verdad histórica- nos hace libres. Es necesario que nos demos cuenta de una vez del cumulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo lo que históricamente concierne a la iglesia. Nos encontramos literalmente asediados por la malicia y el engaño: los católicos en su mayoría no reparan en ello, o no quieren hacerlo. Leyendas negras de la Iglesia es un libro altamente “apologético” que nos brinda la información y la formación necesarias para vivir nuestra fe hoy.


Dom Columba Marmion

Jesucristo, vida del alma

El beato Dom Columba Marmion (1858-1923) fue monje, sacerdote y tercer abad de la Abadía de Maredsous. Nacido en Dublín, Irlanda, el 1 de abril de 1858 en una familia numerosa muy devota (tres de sus hermanas fueron religiosas), fue bautizado con el nombre de Joseph. Hace sus estudios secundarios en el Belvedere College de los jesuitas de Dublín. Ingresó, a los 16 años, en el seminario de Holy Cross, cerca de Dublín. Terminó sus estudios en Roma en el Colegio de la Sacra Congregatio de Propaganda Fide. Durante el noviciado tomó el nombre de Columba, en honor al irlandés San Columba. Su primer contacto con la vida monástica fue en una peregrinación a la abadía de Montecassino. Fue ordenado presbítero en 1881 y antes de ingresar a la vida monástica se dedicó a enseñar filosofía. A su regreso, pasa por la Abadía de Maredsous, en Bélgica, un monasterio joven y dinámico, recientemente fundado (en 1872) por monjes venidos de la abadía de Beuron en Alemania y deseó permanecer allí. Sin embargo, su obispo, en Irlanda, renunció a su petición y lo nombró vicario en Dundrum, al sur de Dublín, además de profesor en el Gran Seminario de Holy Cross (1882-1886) --donde él mismo había realizado sus estudios -- donde se inicia en la dirección espiritual. Dom Columba Marmion ha sido beatificado el 3 de septiembre de 2000 por el Papa Juan Pablo II, Después de la ceremonia de beatificación, Juan Pablo II declaró: «Dom Marmion nos legó un auténtico tesoro de doctrina espiritual para la Iglesia de nuestro tiempo. En sus escritos enseña un camino de santidad, sencillo pero exigente, para todos los fieles, a quienes Dios ha destinado por amor a ser sus hijos adoptivos en Cristo Jesús (cf. Efesios 1, 5). Jesucristo, nuestro Redentor y fuente de toda gracia, es el centro de nuestra vida espiritual, nuestro modelo de santidad». «A lo largo de toda su vida el beato Columba fue un excepcional director espiritual, que prestó atención especial a la vida interior de los sacerdotes y los religiosos. A un joven que se preparaba para la ordenación le escribió: “La mejor preparación para el sacerdocio es vivir a diario con amor donde la obediencia y la Providencia nos ponen" (Carta del 27 de diciembre de 1915).» «Ojalá que un amplio redescubrimiento de los escritos espirituales del beato Columba Marmion ayude a los sacerdotes, a los religiosos y a los laicos a crecer en su unión con Cristo y a dar testimonio fiel de él con amor ardiente a Dios y un servicio generoso a sus hermanos y hermanas». Dom Marmion nos legó un auténtico tesoro de doctrina espiritual para la Iglesia de nuestro tiempo. En sus escritos enseña un camino de santidad, sencillo pero exigente, para todos los fieles, a quienes Dios ha destinado por amor a ser sus hijos adoptivos en Cristo Jesús.

R. Guardini

El Señor

Romano Guardini fue hijo de padres italianos. Vivió la mayor parte de su vida en Alemania, donde su padre trabajó como diplomático. Se ordenó sacerdote de la Iglesia Católica y fue uno de los líderes de los movimientos espirituales e intelectuales que desencadenaron después las reformas aprobadas por el Concilio Vaticano II. En 1923 se le dio una posición en filosofía de la religión en la Universidad de Berlín, que mantuvo hasta ser forzado a renunciar por los nazis en 1939. En 1945 Guardini fue nombrado profesor en la Facultad de Filosofía en la Universidad de Tubinga, y dio lecciones de filosofía de la religión. Finalmente, en 1948, se convirtió en profesor de la Universidad de Múnich, donde permaneció hasta retirarse, por razones de salud, en 1962. “El Señor” recoge una parte de sus homilías, aquélla que versa sobre la persona y la actividad de Jesús. Con palabras iluminadas por un certero instinto sobrenatural, busca Guardini contemplar al Señor, admirar su talante para acogerlo como Salvador. De esa intención nacen reflexiones llenas de naturalidad y de solidez teológica, que bosquejan atractivos perfiles de la personalidad de Jesús. "Romano Guardini vivió intensamente su vida sacerdotal y la tarea apostólica que implica". Así comienza la espléndida introducción de Alfonso López Quintás. El mismo lector podrá comprobar que el libro que tiene en sus manos es un excelente testimonio de tales palabras. Para lograr que los estudiantes vislumbraran, en un clima laicista, la plenitud de vida que ofrece el cristianismo, Guardini abordó en su cátedra universitaria de Berlín el estudio de grandes figuras del pensamiento filosófico y de la literatura: Platón, San Agustín, Dante y Pascal, Dostoievski, Hölderlin, Rilke y Mörike. No intentaba analizar sus obras del modo usual en la Filología de la época, sino ahondar en su idea del hombre, en su forma de abordar las grandes cuestiones de la existencia. Esta labor hermenéutica era, para Guardini, una apelación a la propia labor creativa, al modo indicado por Fichte a sus discípulos en esa misma universidad berlinesa. Más que de una labor de exégesis de un determinado pensamiento, trataba Guardini de buscar en él una fuente de inspiración para dar alcance al sentido pleno de la existencia cristiana. Guardini aborda la lectura de tan sugestivos autores de forma directa, con la sola energía de su propio pensamiento y su capacidad creativa. De ahí la jugosidad, la frescura, la intensidad de sus reflexiones. Guardini intuía que toda obra de calidad es un campo de juego, en el cual el autor responde creativamente a las apelaciones de una vertiente de la realidad. Consiguientemente, interpretar tales obras supone entrar en juego con ellas, es decir, rehacer sus experiencias básicas y asumir activamente las posibilidades creativas que nos ofrecen, a fin de captar las realidades en su plenitud de sentido.

C. Jean Nesmy

Espiritualidad del año litúrgico

Si la fuente de nuestra vida espiritual está en Dios, si en Dios se halla no sólo el término de nuestra búsqueda, sino también su origen, ¿dónde y cómo podremos nosotros ir a proveernos en la fuente de las aguas vivas? La misericordiosa solicitud del Señor ha instituido un medio para nosotros, que tenemos necesidad de un mínimo de experiencia sensible, con el que podamos hallar en nuestra unión con Él los recursos de energía indispensables para amar a Dios y a nuestro prójimo: este medio es la vida sacramental y litúrgica. La intención del autor de “Espiritualidad del año litúrgico” es la de destacar las grandes orientaciones espirituales que nos revela la práctica de la liturgia, a fin de sentar mejor la vida cristiana sobre la comunión en los misterios salvíficos de Cristo, en los que el año litúrgico nos permite participar en forma a la vez más sensible y más efectiva. Una vida litúrgica desencaminada, que no tuviera otra finalidad que ella misma, distraería al hombre de la apremiante y primordial preocupación del deber de caridad para con los otros hombres. Tal es el escollo de cierta manera demasiado estética de considerar la liturgia, que tiende a reducirla a la celebración de «hermosos oficios». Por el contrario, una verdadera vida litúrgica nos proporcionará el amor de Dios y el de los hombres, prolongando así el influjo de la oración, sobre toda la marcha de nuestra actividad subsiguiente. Éste es uno de los problemas hacia los que el autor trata de mantener más despierta nuestra atención: procurar que la vida entera permanezca sumergida en la irradiación luminosa de los diferentes climas que se suceden a todo lo largo del año litúrgico. Uno de los cismas más graves que sufre la Iglesia desde hace cosa de seiscientos años, es esa separación práctica establecida entre la teología y la vida espiritual. Los conocimientos de los fieles acerca de la realidad sobrenatural y de sus misterios, que habrían debido constituir la atmósfera misma de su vida, con demasiada frecuencia se han minimizado en fórmulas mal aprendidas y peor asimiladas. Por su parte, la piedad, desconectada de sus fuentes dogmáticas, no podía menos que evolucionar hacia ese sentimentalismo fácil, gárrulo, blandengue y anticuado, cuyas fórmulas nos chocan tanto en la actualidad. No es exagerado pensar que la liturgia, bien entendida, pueda constituir el punto de confluencia del dogma y de la espiritualidad contemporánea. No hay ninguno de los dogmas de nuestra fe que no se vea implícita o explícitamente profesado a lo largo de nuestra liturgia. Una obra imprescindible para conocer y amar el misterio litúrgico.

Ludwig Ott

Manual de Teología Dogmática

"Este Manual de Teología Dogmática ha nacido del ejercicio diario de enseñar y , por tanto, se dirige primordialmente a los estudiantes de la disciplina teológica. Me propuse presentar de la forma más clara y precisa que me fuera posible la sustancia de la doctrina católica y sus fundamentos en las fuentes de la revelación. Por razones didácticas he estructurado cuidadosamente toda la materia" (Prólogo) Considerado un clásico de la dogmática, este manual expone de la forma más clara y precisa la doctrina católica y sus fundamentos en las fuentes de la revelación. Ludwig Ott presenta en cada tema las declaraciones más significativas del magisterio, algunos de los textos bíblicos y patrísticos más importantes y expone la evolución histórica de los dogmas. Todo ello, dando preferencia al método positivo sobre el especulativo aunque con numerosas citas de Santo Tomás para profundizar en este campo. La existencia de Dios, los atributos divinos, el dogma trinitario, la creación, las dos naturalezas de Cristo, la gracia, los sacramentos -con especial énfasis en la eucaristía- o el pecado son algunos de los temas que Ott desarrolla en este manual de obligada lectura para los estudiantes de teología y todo aquel que quiera profundizar en la doctrina católica.

Joseph Pieper

Las virtudes fundamentales

Pieper ha llevado a cabo una amplia y profunda relectura de Tomás de Aquino en servicio de la cultura actual. Excelente traductor e intérprete del Doctor de Aquino, utiliza una terminología viva y dinámica, y resulta singularmente atrayente en sus obras, como consecuencia en gran parte de la estructura de las mismas, de su originalidad personal y de su profundo conocimiento de la Revelación y de la teología. No cabe duda de que estamos ante una obra maestra, tanto por lo que logra decir acerca del hombre, de su ser y de su acción, de su entorno y de su fin, como por el acopio de estímulos y perspectivas que abre a la permanente novedad de la vida humana. Pieper estudia la realidad en sí misma, en el ser y naturaleza de las cosas, pero sin descuidar nunca su temporalidad y su historia, especialmente la de la persona humana. Pero todo ello, en última instancia, viene iluminado por la Revelación, y así no se limita a ser filósofo, sino que es también teólogo al clarificar la comprensión del hombre y de la experiencia histórica. La investigación filosófica puede estar más o menos condicionada por el proceso histórico, pero el discurso y progreso filosófico no se confunde con el histórico. El filósofo alemán puso de relieve con gran fuerza y modernidad las verdades perennes de la filosofía y metafísica realista, que no conocen el desgaste del tiempo, pero tampoco ignoran la novedad de la historia. 

Joseph Ratzinger

Introducción al cristianismo


¿Qué es el cristianismo? Responder a esta pregunta constituye el objetivo fundamental de este libro. Para ello, nada mejor que centrarse en uno de los textos fundamentales, el Credo, en el que la comunidad cristiana ha sintetizado su fe y a través del cual la proclama cada vez que la recita. Siendo un texto que se quedó fijado en los albores del cristianismo, se hace necesario, por una parte, entender bien qué se quiso decir y cuál fue el contexto y el trasfondo en los que nace. Pero, por otra parte, por ser expresión viva de la fe, ha de ser sometido a una constante reinterpretación, para que sus fórmulas sean inteligibles a los creyentes de cada momento histórico. El equilibrio entre la fidelidad a algo recibido en el seno de la Iglesia y la actualización de su contenido es una exigencia que atañe no sólo a la teología sino a la vida de fe de todo creyente. El cardenal Ratzinger ha sabido responder a este reto, prestando especial atención a los problemas que la cultura moderna ha planteado a la fe. Esta nueva edición de «Introducción al cristianismo» contiene el prólogo que el propio autor ha escrito en el año 2000. Siendo una obra clásica, queda así enriquecida con esta aportación de casi treinta nuevas páginas. 

Jean Danielou

Sacramentos y culto en los SS. Padres

El punto más rico y fecundo de la labor de Daniélou son, sin duda, sus trabajos sobre las fuentes de la historia cristiana, habiendo contribuido al desarrollo de los estudios bíblicos y patrísticos. Otro de los ejes de su pensamiento es la interpretación cristiana de la historia y la historia de la salvación. No fue, sin embargo, hombre de grandes construcciones teoréticas: se movía mejor en el terreno de la investigación histórica y en el del ensayo incisivo sobre problemas y cuestiones de actualidad. Sacramento y culto según los SS. Padres es un libro excelente, de los que se disfruta leyendo, y no sólo por lo que se aprende en este gran erudito en materia sacramental y patrística sino también de un formato comunicativo casi plástico y de la enorme riqueza imaginativa y simbólica de sus escritos. El primer libro –sobre los sacramentos- subraya las figuras del bautismo: la creación y el diluvio, el paso del mar rojo, la figura y el mensaje del profeta Elías, el río Jordán etc. Recuerdo perfectamente el impacto de sus descripciones sobre la “sphragis”, la “marca” que los legionarios romanos grababan en su brazo, y que más tarde simbolizaría “la marca” del Espíritu Santo en el alma del bautizado y que no me resisto a trascribir: “El termino sphragis designaba en la antigüedad tanto el objeto que servía para marcar como la marca producida por tal objeto. Así se aplicaba este nombre a los sellos que se utilizaban para imprimir una marca sobre cera. Tales sellos eran a menudo piedras preciosas engarzadas en un anillo. Clemente de Alejandría recomienda a los cristianos que elijan para sellos (sphragides) una paloma, un pez o un navío con las velas desplegadas, pero no figuras mitológicas o espadas (Ped., III, 11; Staehlin, 270). Estos sellos servían en particular para sellar los documentos oficiales, los testamentos. Por eso, san Pablo puede decir simbólicamente de los Corintios que “son el sello de su apostolado en el Señor” (1 Cor, 9, 2), es decir, la señal de autenticidad de su apostolado. Pero, más en particular - y con esto entramos en la simbólica bautismal-, se llamaba sphragis a la marca con que un propietario distinguía los objetos de su pertenencia. En este sentido, la sphragis abarca varias categorías que nos interesan aquí de modo especial: sphragis se llamaba la marca que los pastores imprimían con un hierro candente a los animales de sus rebaños para poder distinguirlos; por otra parte, era costumbre en el ejército romano marcar a los reclutas, en el momento de su alistamiento, con un tatuaje, llamado signaculum, que consistía en un anagrama del nombre del general, grabado en la mano o en el antebrazo. Esta diversidad de aplicaciones servirá a los Padres de la Iglesia para dar diferentes significados a la sphragis bautismal. La señal de la cruz con que se marca en la frente al candidato al bautismo indica que en lo sucesivo pertenece a Cristo, es decir, al rebano de Cristo o al ejercito de Cristo. Estas diversas interpretaciones se refieren a diversos temas del bautismo” (Jean Daniélou., Sacramento y culto según los SS. Padres, pag 72) Todo el libro respira erudición, belleza y un intenso sentido de piedad. Lo mismo sucede en el análisis de los ritos eucarísticos: el cordero pascual, el análisis del salmo 22 y el cantar de los cantares son magníficas introducciones a la piedad eucarística. En el segundo libro es una completa exposición de las fiestas cristianas: el domingo como octavo día, la Pasqua, la ascensión y Pentecostés. Pienso que estamos ante un libro de lectura amena y asequible para todos aquellos que deseen gozar de una parte del patrimonio patrístico, de su simbolismo y riqueza espiritual, con el que se puede aprender, orar o compartir una parte esencial de nuestra tradición cristiana.

Alasdair Macintyre

Tras la virtud


Alasdair Chalmers MacIntyre (n. Glasgow, Escocia, 12 de enero de 1929) es un filósofo conocido principalmente por sus contribuciones a la filosofía moral y a la política filosófica, pero también por sus obras sobre historia de la filosofía y teología. Es el O'Brien Senior Research Professor of Philosophy en la Universidad de Notre Dame. Estudió en la institución ahora conocida como Queen Mary, de la Universidad de Londres. Obtuvo un Master of Arts en las Universidades de Manchester y Oxford. Comenzó su carrera como profesor en 1951 en la Universidad de Mánchester. Enseñó en las Universidades de Leeds, Essex y Oxford en el Reino Unido. Después se trasladó a los Estados Unidos alrededor de 1969, donde ha enseñado en diversas universidades. Este libro se ha convertido en un clásico de la filosofía moral contemporánea por dos razones: por un lado, porque hace un diagnóstico brillante de la moral de nuestro tiempo y, por otro, porque fue pionero de una línea de pensamiento moral y político que no ha dejado de crecer desde su publicación: el comunitarismo. El estilo filosófico de Alasdair MacIntyre es el de un provocador que critica tanto los sistemas morales de los filósofos modernos como los límites convencionales de las disciplinas académicas. Aunque el diagnóstico que hace de la moral en las postrimerías del siglo XX es desalentador, sostiene que aún es posible una ética de las virtudes, pero sólo con una condición: que renunciemos a hacerla universal. Para el profesor MacIntyre, lo que hoy hay que buscar son nuevas formas de comunidad que configuren determinados modelos de persona y nos permitan hablar de virtudes, es decir, de la excelencia de tales modelos: «Sólo así se podrá construir una moral realmente capaz de movilizar a los individuos de nuestras atomizadas sociedades actuales en torno a un proyecto común». En el prefacio a “Tras la virtud” MacIntyre afirma: “Este libro surge de una reflexión amplia sobre las deficiencias de mis primeros trabajos sobre filosofía moral y de la insatisfacción creciente acerca de la concepción de la «filosofía moral» como un área independiente y aislable de investigación. Un tema central de buena parte de esas primeras obras era que la historia y la antropología debían servirnos para aprender la variedad de las prácticas morales, creencias y esquemas conceptuales. La noción de que el filósofo moral puede estudiar los conceptos de la moral simplemente reflexionando, estilo sillón de Oxford, sobre lo que él o ella y los que tiene alrededor dicen o hacen, es estéril. No he encontrado ninguna buena razón para abandonar este convencimiento; y emigrar a los Estados Unidos me ha enseñado que aunque el sillón esté en Cambridge, Massachusetts, o en Princenton, Nueva Jersey, no funciona mejor. Pero en el mismo momento en que estaba afirmando la variedad y heterogeneidad de las creencias, las prácticas y los conceptos morales, quedaba claro que yo me estaba comprometiendo con valoraciones de otras peculiares creencias, prácticas y conceptos. Di, o intenté dar, por ejemplo cuenta del surgimiento o declive de distintas concepciones de la moral; y era claro para los demás, como debía haberlo sido para mí, que mis consideraciones históricas y sociológicas estaban, y no podían por menos de estar, informadas por un punto de vista valorativo determinado. Más en particular, parecía que estaba afirmando que la naturaleza de la percepción común de la moralidad y del juicio moral en las distintas sociedades modernas era tal, que ya resultaba posible apelar a criterios morales de la misma forma que lo había sido en otros tiempos y lugares y esto era una calamidad moral. Pero, si mi propio análisis era correcto, ¿a qué podría acudir?”


Murphy, Roland / Fitzmyer, Joseph A. / Brown, Raymond 

Comentario Bíblico San Jerónimo


Comentario bíblico San Jerónimo, 1972. Madrid: Ediciones Cristiandad. Coeditor junto a Joseph A. Fitzmyer y Roland E. Murphy. (Tomo I-II, 886 y 766 pp, ISBN 84-7057-114-1), (Tomo III-IV, 638 y 605 pp, ISBN 84-7057-117-6), (Tomo V, 956 pp. ISBN 84-7057-118-4). Título original: The Jerome Biblical Commentary). Nuevo Comentario Bíblico San Jerónimo. Artienda, Joseph / Murphy, Roland / Fitzmyer, Joseph A. / Brown, Raymond E. Colección: Ediciones bíblicas Editorial Verbo Divino. ISBN:978-84-8169-470-3 Raymond Edward Brown (22 de mayo de 1928 – 8 de agosto de 1998), fue un sacerdote católico estadounidense y un académico experto en exégesis bíblica de renombre mundial. Fue uno de los primeros académicos católicos en aplicar el método histórico-crítico a las Sagradas Escrituras. Se lo considera uno de los máximos especialistas sostenedores de la hipótesis de la llamada comunidad joánica, que se especula pudo haber contribuido en la autoría del Evangelio de Juan. Fue autor de más de treinta libros. Algunas de sus obras, como El Evangelio según Juan en dos tomos (publicados por primera vez en inglés en 1966 y 1970), siguen siendo referencia obligada de todo estudio joánico, aún transcurridas más de cuatro décadas desde su primera edición. En 1977 publicó El nacimiento del Mesías, y en 1994 La muerte del Mesías, libros que tratan sobre las bases históricas de la infancia y de la muerte de Jesús de Nazaret, respectivamente. Su rigurosidad impregnó toda su producción. En el “Nuevo Comentario Bíblico San Jerónimo” reaparece renovado en dos tercios de su extensión el ya clásico “Comentario Bíblico San Jerónimo”. Los años transcurridos desde la primera edición inglesa (1968) exigían un Comentario nuevo:– las últimas décadas del siglo XX conocieron grandes avances en prácticamente todos los campos de los estudios bíblicos (descubrimientos arqueológicos, hallazgos de manuscritos, nuevas perspectivas en hermenéutica...);– las bibliografías se han actualizado en gran medida;– mientras que los colaboradores originales eran casi todos clérigos, en la nueva edición hay un número importante de colaboradores laicos, hombres y mujeres. La nueva edición pretende ser más fácil de usar gracias a que en ella las cabeceras de las páginas dan las referencias de capítulo y versículo del libro bíblico comentado. Toda esta actualización no impide que la meta y el nivel de la nueva edición sigan siendo los mismos que los de la obra original: ofrecer un comentario a quienes desean estudiar las Escrituras. También el público al que va destinada sigue siendo el mismo: todas las personas interesadas en la religión y la teología y que sienten la necesidad de una iniciación apropiada y global a la Biblia. Lo mismo que la edición original satisfizo las necesidades de los años sesenta y posteriores, la nueva edición está pensada para satisfacer los criterios de los años noventa y principios del siglo XXI, criterios más exigentes dado que los estudios bíblicos católicos han tenido tiempo de madurar, y católicos y no católicos esperan más de ellos. Como en la edición original, los artículos ofrecidos son de dos clases: temáticos y de comentario. Los artículos temáticos presentan la información preparatoria necesaria antes de iniciar el comentario versículo por versículo. En la nueva edición, la sección temática se ha ampliado, por ejemplo con los artículos sobre Jesús y sobre la Iglesia primitiva. Los tres editores han ocupado el cargo de presidentes de la Asociación Bíblica Católica y de la Sociedad de Literatura Bíblica. Son muy conocidos por sus artículos, publicados en revistas bíblicas católicas y no católicas. 

R. Garrigou Lagrange

Las tres edades de la vida interior

Garrigou-Lagrange es, ante todo, un temperamento metafísico, un defensor del ser frente al fenómeno. El proceso termina en Dios, el Ser por antonomasia, meta de toda la filosofía de Garrigou-Lagrange. Donde nuestro autor destacó más fue en el campo de la Espiritualidad. En 1909 leyó La evolución mística de Arintero, lo que ejerció en él un influjo parejo al libro L'Homme. El proselitismo de Arintero ganó en Garrigou-Lagrange a su más valioso discípulo. Garrigou-Lagrange lo declara: «Tuvo en mí gran influencia y me aclaró importantes puntos, que traté de exponer en seguida según la doctrina de Santo Tomás» (Evolución mística, Madrid 1952, L-LI). En 1917 abrió una cátedra de Ascética y Mística, la primera de esta disciplina en una Facultad eclesiástica y la última que abandonara, en 1960. En 1919 alentó la fundación de la revista «La vie spirituelle» y se convirtió en principal redactor. Prosiguió ese camino y fueron apareciendo nuevas obras, culminando con Les trois áges de la vie intérieure, 2 vol. Paris, 1938 (trad. esp. Las tres edades de la vida interior, 2 vol. trad. esp. Buenos Aires, 1945), en la que, limando al máximo las aristas polémicas, expone los principios comúnmente admitidos. Como en su itinerario filosófico, también aquí apunta a Dios, pues la vida interior es «un preludio» de la vida del cielo. Como él mismo expresa en su prefacio: “La razón de no haberle dado la forma y modalidad de un manual, es porque no se trata aquí de acumular conocimientos, como se hace a veces en las pesadas tareas escolares, sino de formar el espíritu, proporcionándole sólidos principios y el arte de saberlos manejar y hacer las aplicaciones que de ellos derivan, y ponerlo así en disposición de juzgar por sí mismo los problemas que se le vayan planteando. Tal es el concepto que, en otros tiempos, se tenía de las humanidades; mientras que hoy, y esto con demasiada frecuencia, se pretende transformar las inteligencias en manuales y repertorios, o también en colecciones de opiniones y expedientes, pero sin la menor preocupación por sus causas, razones y consecuencias, bien profundas a veces. Por lo demás, las cuestiones de espiritualidad, por el hecho de hallarse entre las más vitales y a veces entre las más secretas y escondidas, no tienen fácil cabida en los límites de un manual, o, para decirlo de una vez, hay, en hacer eso, un gran peligro: el ser superficial, al querer clasificar materialmente las cosas, y el reemplazar con un mecanismo artificial el profundo dinamismo de la vida de la gracia, de las virtudes infusas y de los dones. Por eso los grandes espiritualistas nunca expusieron su pensamiento bajo esta forma esquemática, que corre el riesgo de presentarnos un esqueleto allá donde pretendíamos encontrar la vida. En estas cuestiones hemos seguido principalmente a tres doctores de la Iglesia que de ellas han tratado, cada uno a su manera: Santo Tomás, San Juan de la Cruz y San Francisco de Sales. 

Albert Lang

Teología Fundamental

Los problemas de la Teología fundamental despiertan cada vez mayor interés. Nos resulta especialmente grato comprobar que ha desaparecido la crítica puramente negativa de la Apologética, a la que se tachaba de «anticuada», y que se han realizado valiosas aportaciones para el conocimiento y la solución de las cuestiones apologéticas, por ejemplo, sobre el concepto de la revelación y sobre la función del milagro como signo divino. Pero, también en este caso, resulta verdad lo que enseña la experiencia: Que las realizaciones concretas quedan muy lejos del ideal, objeto de aspiraciones y elogios. En la investigación de la vida de Jesús, no poseemos todavía los elementos necesarios para su conocimiento detallado y completo, a pesar de los nuevos descubrimientos y hallazgos. La actitud adoptada en esta investigación se halla siempre fuertemente influida por la propia posición ante el problema de Cristo. El presente libro del prof. Albert Lang constituye el manual de Teología fundamental más afamado y extendido en Alemania y otros países de Europa Central. En los últimos años es libro de texto usual en las Facultades de Teología de Alemania, en cuya lengua ha alcanzado tres ediciones en pocos años. Por la reciente información y por la mentalidad con que están planteados los temas y las vías de solución, el libro de Albert Lang expone el estado de las cuestiones con arreglo al espíritu del Concilio Vaticano II. La primera edición española que ahora aparece, escrita sobre la última alemana, ha tenido en cuenta las orientaciones y enseñanzas de aquellos documentos del Vaticano II que más afectan al objeto de la Teología fundamental, como son las constituciones dogmáticas Lumen gentium, sobre la Iglesia, y Dei verbum, sobre la divina revelación. El propio autor ha enviado no pocas notas a este respecto. También los preparadores de la edición española han puesto al día las referencias bibliográficas. Esta labor de revisión de la edición española afecta en mayor proporción al segundo tomo que al primero, por la sencilla razón de que el magisterio conciliar se ha extendido más en sus enseñanzas sobre el ser de la Iglesia. De todos modos, la coincidencia de Lang con el magisterio del Vaticano II, aun incluso en ediciones anteriores a la 3ª alemana, es una garantía de la modernidad del autor. Finalmente, hay que advertir que, teniendo en cuenta que los problemas de la Teología fundamental despiertan cada día mayor interés, fuera incluso del círculo de los teólogos, el autor ha intentado y conseguido una exposición atractiva y agradable, por lo que su libro es apto para ser leído por toda persona culta para señalarle el camino de una reflexión profunda sobre su fe y su religión cristiana e incluso de una búsqueda de la misma.

Gerhard von rad

Teologia del Antiguo Testamento

«Este libro es un clásico. Nació maduro y se impuso rápidamente al interés y a la aprobación del público. Tiene algo de descubrimiento y algo de reposo; invita a repetidas lecturas, a la reflexión sosegada y sobre todo a volver al texto bíblico para descubrir en él nuevas riquezas […] El trabajo de Gerhard von Rad no es sólo investigación, sino que tiene mucho de auténtica meditación: la fe contemplativa del autor es el clima en que madura su inteligencia del Antiguo Testamento» (L. Alonso Schökel).   Gerhard von Rad nació en una familia de patricios médicos en Núremberg el 21 de octubre de 1901. Después de estudiar teología en Erlangen y Tübingen, ejerció brevemente como pastor de una iglesia de Baviera antes de prepararse para enseñar el Antiguo Testamento. Según von Rad, el Hexateuco surgió de la recitación litúrgica (credos ) que la gente recita en relación con la fiesta de las Semanas en Gilgal. Los credos originales  hablaban de Josué 24:2-13 y Deuteronomio 6:20-24 y 26:5-9. Estas confesiones de fe, hacen alusión a las tradiciones esenciales que comprenden desde el Génesis y a través de Josué (patriarcas, éxodo, desierto, errante, la conquista), con dos flagrantes omisiones (Sinaí y la historia primitiva, Génesis 1-12). Von Rad argumentó que el relato del Sinaí, que narra la recepción por  parte de Moisés de la ley, era una tradición independiente a los cuatro complejos en el Hexateuco y que el autor, conocido por los especialistas como el yahvista, escribió la historia primitiva como prólogo a la historia de la promesa divina y su  cumplimiento, el establecimiento en Canaán por el pueblo de Dios.   La tesis de Von Rad dependía de la comprensión de la vida israelí antigua antes de la salomónica "iluminación". Por otra parte, el origen de la propuesta de Hexateuco supone que la Biblia surgió de la práctica de la adoración. Generación tras generación, las tradiciones litúrgicas  anteriores  se van adaptando a las nuevas circunstancias históricas, se  eliminan  algunas  desfasadas  y se introducen otras nuevas.   Von Rad dedicó sus esfuerzos para trazar el rumbo de las tradiciones vivas. En su opinión, en el Antiguo Testamento, la teología de sus categorías deriva de los antiguos israelitas, de declaraciones confesionales y no de un pensamiento sistemático moderno. Los dos prefacios  enmarcan en trazos esenciales la finalidad de esta teología bíblica: “situar bajo una mejor luz un aspecto de la obra teológica de Israel que es ciertamente preeminente y de los más interesantes, a saber, su esfuerzo por actualizar siempre de nuevo las divinas instituciones salvíficas, de recoger y proclamar siempre de nuevo las obras de Dios, gracias a lo cual, las antiguas profesiones de fe se fueron desarrollando en desmesurados complejos de tradiciones”.   

José Tissot

El arte de aprovechar nuestras faltas

José Tissot, El arte de aprovechar nuestras faltas. Cuadernos Palabra. (2016) ISBN 978-84-9840-526-2 El autor, en referencia constante a San Francisco de Sales nos propone descubrir la bondad de un Dios Padre que está esperando con los brazos abiertos al hijo pródigo. Un Dios que sólo quiere la salvación del individuo y del género humano. Cuando nos dejamos abrazar por Él nos llena de alegría e ilumina definitivamente nuestra vida. Es una obra, diríamos hoy, para recuperar la autoestima, para superar los momentos difíciles en los que tocamos fondo y nos quedamos sin razones ni sentido para vivir. Leerla, meditarla, saborearla, es más positivo y beneficioso que cualquier ayuda psiquiátrica. Es una obra optimista, que nos invita a ponernos en las manos de Dios y de María y a dejarlos que nos transformen por su amor. Si confiamos en ellos, el dolor del pecado cometido se transformará en fuego de amor y nos motivará para ser buenos de verdad y vivir con humildad y agradecidos. Esta obra ha llenado de satisfacción y ha ayudado a reconciliarse con Dios y con la Iglesia a muchas almas.  Este es el gran triunfo del hombre: pedir perdón y volver a comenzar. Todo un arte y todo un clásico en la literatura de la espiritualidad cristiana. Alguien ha dicho que quien quiera que, después de una falta, medite algunas líneas de esta obra encuentra en ellas, con la ayuda del Salvador, la gracia para levantarse de nuevo. Este precioso libro es un clásico de la literatura espiritual, cuyas constantes reediciones muestran la necesidad que tienen los hombres y mujeres de nuestro tiempo de ahondar en la bondad divina, de descansar en la misericordia infinita de Dios para descubrir la generosidad de su amor y hallar la paz.

M. Scheeben

Los misterios del cristianismo

Matthias Joseph Scheeben, nació en Meckenheim, cerca de Bonn el marzo de 1835 y murió en Colonia en julio de 1888. Fue un excelente sacerdote católico alemán, teólogo, místico y escritor prestigioso. Scheeben mantiene que el cristianismo entró en el mundo como una religión llena de misterios. Se presentó como el “misterio de Cristo” y como el “misterio del reino de Dios” Sus ideas, sus doctrinas eran desconocidas, inauditas y debían permanecer inescrutables, insondables. Su carácter misterioso, que se manifestó de un modo bastante marcado en sus verdades fundamentales más sencillas, era locura para los paganos y escándalo para los judíos y en adelante tampoco se despojó de este carácter misterioso que siguió siendo siempre locura y escándalo para aquellos que lo miraron, con ojos profanos como los paganos, o lo recibieron con corazón incircunciso como los judíos. Con cruel sarcasmo se burlaron unos y otros de su ser misterioso, tachándolo de oscuro, supersticioso, ilusorio y desatinado. Muchos espíritus, demasiado nobles para despreciar la elevada y benéfica fuerza del cristianismo, o demasiado respetuosos con la fe de su niñez y la herencia recibida de sus padres para rechazarla orgullosamente, pero no bastante humildes para entregarse a ella con corazón infantil, quisieron quitar el velo al santuario del cristianismo, quisieron suprimir el misterio, para librar de su envoltorio oscuro el grano de la verdad y sacarlo a la luz. Aun amigos del cristianismo, no siempre pudieron librarse de cierto recelo ante la oscuridad de sus misterios. Este magnífico libro lejos de rechazar o mirar con recelo al cristianismo por sus misterios, descubre en ellos precisamente lo mejor que nos aporta su elevación divina, de modo que lo esencial del cristianismo son sus misterios, ya que la Revelación cristiana lleva en la frente la señal de una contradicción interior y perdería su prestigio si no propusiera misterios. Poco cuadraría a la divinidad de Cristo el habernos enseñado únicamente cosas que podíamos aprender de algún hombre o descubrir por nosotros mismos y comprenderlas por completo. De un modo sistemático y apasionante Scheeben expone los misterios del cristianismo en general: la Santísima Trinidad, el misterio del pecado, la creación, el misterio de Cristo y de la gracia, el misterio de la Iglesia, y la justificación. Pero al recorrer la galería de los misterios del cristianismo lo hace de un modo armónico y bello. Efectivamente aunque las verdades fundamentales del cristianismo son y siguen siendo verdaderos misterios para la razón humana, es decir, verdades que la razón de suyo no puede conocer realmente ni concebir en su esencia sino mediante conceptos análogos, y por lo tanto siempre obscuros e inadecuados, muestra con acierto que las verdades del cristianismo se remontan a su carácter sobrenatural y si los vamos combinando entre sí, se levantan, se iluminan recíprocamente y se unen formando un sistema admirable, en el cual vemos brillar con toda su grandeza la majestad divina del cristianismo. Scheeben, muestra así que es posible un conocimiento científico de los misterios cristianos y el carácter científico de la teología. Ni el racionalismo ni el fideísmo (o el fundamentalismo) son visiones acertadas, ya que eliminan uno de los dos términos de la relación. Para Scheeben, la razón y la fe son dos luces que, aunque partiendo de una sola fuente (Dios), deben distinguirse con respecto a sus propias áreas y principios. El cristianismo establece entre razón y fe una "relación de servicio", pero no de sumisión. No se trata de una relación de esclavitud, ya que la razón juega un papel pleno e insustituible para la fe. Scheeben prefiere la imagen de la relación entre los cónyuges. La razón teológica y el conocimiento de los misterios de Dios no pueden existir sin que la razón sea fecundada por la semilla de la fe, y la fe sin la razón no puede crecer o desarrollarse convenientemente. Precisamente las dos naturalezas de Cristo ofrecen una analogía justa que capta la relación entre razón y fe, entre la filosofía y la teología. A mi juicio esta obra colosal de teología es punto obligado de quien quiera formar adecuadamente su fe cristiana con capacidad para dar razón de sus contenidos desde un punto de vista racional –que no racionalista- sin perder el acceso a la belleza de la fe. Muy adecuado para todo tipo de personas deseosas de formar y articular su fe cristiana y prepararse para un diálogo que les permita dar razón de su esperanza en el mundo actual.

Jaume Balmes

El criterio

Definir como "filosofía del sentido común" el corpus del pensamiento de Balmes no se debe tanto a su concepción del sentido común como inherente al quehacer filosófico, sino especialmente por su definición de este sentido como criterio para alcanzar una certeza. Llegados a éste punto, cabe señalar la relación de las verdades subjetivas con los criterios de conciencia, las verdades racionales con los de evidencia y finalmente, las verdades objetivas accesibles mediante el criterio del llamado "sentido común". El criterio es, según su propio autor, «un ensayo para dirigir las facultades del espíritu humano por un sistema diferente de los seguidos hasta ahora». Se trata, pues, de un método original y, en sus líneas esenciales, indispensable para aprender a pensar bien, o sea, para ejercitar la actividad intelectual, que conviene en orden a conocer la verdad o a dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. Balmes trata en El criterio sobre la atención, la elección de carrera, el conocimiento adquirido por el testimonio inmediato de los sentidos. Discute acerca de que la lógica sea acorde con la claridad, de la autoridad humana en general, de periódicos y relatos de viaje, de la historia, del conocimiento de la naturaleza y de las propiedades y relaciones de los seres. Es especialmente incisivo en la consideración de todo cuanto se refiere a la buena percepción, el juicio y el raciocinio. Trata igualmente de la enseñanza, la invención, el corazón y la imaginación y anima al estudio de la historia y los fundamentos de la religión. Balmes nos explana en qué consiste el pensar bien cuando define –en sus consideraciones preliminares- qué es la verdad: “El pensar bien consiste: o en conocer la verdad o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas. Cuando las conocemos como son en sí, alcanzamos la verdad; de otra suerte, caemos en error. Conociendo que hay Dios conocemos una verdad, porque realmente Dios existe; conociendo que la variedad de las estaciones depende del Sol, conocemos una verdad, porque, en efecto, es así; conociendo que el respeto a los padres, la obediencia a las leyes, la buena fe en los contratos, la fidelidad con los amigos, son virtudes, conocemos la verdad; así como caeríamos en error pensando que la perfidia, la ingratitud, la injusticia, la destemplanza, son cosas buenas y laudables. Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir, la realidad de las cosas. ¿De qué sirve discurrir con sutileza, o con profundidad aparente, si el pensamiento no está conforme con la realidad? Un sencillo labrador, un modesto artesano, que conocen bien los objetos de su profesión, piensan y hablan mejor sobre ellos que un presuntuoso filósofo, que en encumbrados conceptos y altisonantes palabras quiere darles lecciones sobre lo que no entiende” (Criterio., Capítulo primero. Consideraciones preliminares) El criterio de Balmes es uno de estos libros que hay que leer alguna vez –o varias- en la vida. Sencillo, directo, claro, es capaz de dotarnos de un amor grande al sentido común (el “seny” –en catalán-) para hacernos asequibles los misterios más trascendentes de Dios y la persona, y los más cotidianos de nuestro quehacer diario. “al hombre le han sido dadas muchas facultades. Ninguna es inútil. Ninguna es intrínsecamente mala. La esterilidad o la malicia les vienen de nosotros, que las empleamos mal. Una buena lógica debiera comprender al hombre entero, porque la verdad está en relación con todas las facultades del hombre. Cuidar de la una y no de la otra es a veces esterilizar la segunda y malograr la primera. El hombre es un mundo pequeño, sus facultades son muchas y muy diversas; necesita armonía, y no hay armonía sin atinada combinación, y no hay combinación atinada si cada cosa no está en su lugar, si no ejerce sus funciones o las suspende en el tiempo oportuno. Cuando el hombre deja sin acción alguna de sus facultades es un instrumento al que lo faltan cuerdas; cuando las emplea mal es un instrumento destemplado. La razón es fría, pero ve claro; darle calor y no ofuscar su claridad; las pasiones son ciegas, pero dan fuerza; darles dirección y aprovecharse de su fuerza. El entendimiento sometido a la verdad, la voluntad sometida a la moral, las pasiones sometidas al entendimiento y a la voluntad, y todo ilustrado, dirigido, elevado por la religión: he aquí el hombre completo, el hombre por excelencia. En él la razón da luz, la imaginación pinta, el corazón vivifica, la religión diviniza”.

Viktor Frankl

Un hombre en busca de sentido


Este libro se centra en varios hallazgos cruciales del doctor Frankl que ponen de manifiesto nuestro deseo inconsciente de descubrir un sentido definitivo a la vida, tanto si deriva de una fuente espiritual como si proviene de otro tipo de inspiración o influencia. Se trata de un tema de especial relevancia, sobre todo teniendo en cuenta que la sensación de que nuestra vida carece de un significado auténtico ha penetrado considerablemente en los cimientos de la sociedad contemporánea. Como demuestran tanto el caso del adolescente que sufre ante la inseguridad y la duda como el del anciano que padece aislamiento y rechazo, lo cierto es que la cultura actual parece definitivamente sumida en la vulnerabilidad y la desesperación. A partir de ahí, el doctor Frankl demuestra de una forma brillante que el ser humano aún puede encontrar un cierto sentido a su vida cotidiana. Habla del «deseo de significado» como fuerza central motivadora y presenta evidencias específicas de que la vida puede hablarnos de su propio sentido en cualquier momento o situación. Incluso aquellas personas que deben soportar sobre sus hombros la carga de la culpabilidad, o tienen que hacer frente a un sufrimiento inevitable, disponen, en principio, de oportunidades para convertir sus súplicas en logros o, dicho de otro modo, su tragedia personal en un triunfo de la humanidad. El hombre en busca del sentido último afirma también, no obstante, que esta búsqueda de significado puede conducir igualmente a resultados indeseados, como los celos enfermizos, la fobia racista o la obsesión por la ética y la moral. Y, en este sentido, el doctor Frankl cree que sólo la tolerancia y la persistencia podrán allanarnos el camino para la consecución de una vida plena. Fundador de lo que se ha dado en llamar la tercera escuela vienesa de psicoterapia. Tras el psicoanálisis de Freud y la psicología individual de Adler, Viktor Frankl es profesor de Neurología y Psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Viena, así como de Logoterapia en la Universidad Internacional de Estados Unidos en San Diego. En el prefacio de su obra Gordon W. Allporta afirma: “El Dr. Frankl, psiquiatra y escritor, suele preguntar a sus pacientes aquejados de múltiples padecimientos, más o menos importantes: "¿Por qué no se suicida usted?" Y muchas veces, de las respuestas extrae una orientación para la psicoterapia a aplicar: a éste, lo que le ata a la vida son los hijos; al otro, un talento, una habilidad sin explotar; a un tercero, quizás, sólo unos cuantos recuerdos que merece la pena rescatar del olvido. Tejer estas tenues hebras de vidas rotas en una urdimbre firme, coherente, significativa y responsable es el objeto con que se enfrenta la logoterapia, que es la versión original del Dr. Frankl del moderno análisis existencial. En esta obra, el Dr. Frankl explica la experiencia que le llevó al descubrimiento de la logoterapia. Prisionero, durante mucho tiempo, en los bestiales campos de concentración, él mismo sintió en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda. Sus padres, su hermano, incluso su esposa, murieron en los campos de concentración o fueron enviados a las cámaras de gas, de tal suerte que, salvo una hermana, todos perecieron. ¿Cómo pudo él —que todo lo había perdido, que había visto destruir todo lo que valía la pena, que padeció hambre, frío, brutalidades sin fin, que tantas veces estuvo a punto del exterminio—, cómo pudo aceptar que la vida fuera digna de vivirla ? El psiquiatra que personalmente ha tenido que enfrentarse a tales rigores merece que se le escuche, pues nadie como él para juzgar nuestra condición humana sabia y compasivamente. Las palabras del Dr. Frankl tienen un tono profundamente honesto, pues se basan en experiencias demasiado hondas para ser falsas. Dado el cargo que hoy ocupa en la Facultad de Medicina de Viena y el renombre que han alcanzado las clínicas de logoterapia que actualmente van desarrollándose en los distintos países tomando como modelo su famosa Policlínica Neurológica de Viena, lo que el Dr. Frankl tiene que decir adquiere todavía mayor prestigio. Es difícil no caer en la tentación de comparar la forma que el Dr. Frankl tiene de enfocar la teoría y la terapia con la obra de su predecesor, Sigmund Freud. Ambos doctores se aplican primordialmente a estudiar la naturaleza y cura de las neurosis. Para Freud, la raíz de esta angustiosa enfermedad está en la ansiedad que se fundamenta en motivos conflictivos e inconscientes. Frankl diferencia varias formas de neurosis y descubre el origen de algunas de ellas (la neurosis noógena) en la incapacidad del paciente para encontrar significación y sentido de responsabilidad en la propia existencia. Freud pone de relieve la frustración de la vida sexual; para Frankl la frustración está en la voluntad intencional. Se da en la Europa actual una marcada tendencia a alejarse de Freud y una aceptación muy extendida del análisis existencial, que toma distintas formas más o menos afines, siendo una de ellas la escuela de logoterapia. Es característico del abierto talante de Frankl el no repudiar a Freud, antes bien construye sobre sus aportaciones; tampoco se enfrenta a las demás modalidades de la terapia existencial, sino que celebra gustoso su parentesco con ellas. El presente relato, aun siendo breve, está elaborado con arte y garra. Yo lo he leído dos veces de un tirón, incapaz de desprenderme de su hechizo. En alguna parte, hacia la mitad del libro, Frankl presenta su propia filosofía de la logoterapia: lo hace como sin solución de continuidad y tan quedamente que sólo cuando ha terminado el libro el lector se percata de que está ante un ensayo profundo y no ante un relato más, forzosamente, sobre campos de concentración.”

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