01Vigor del alma

La raíz etimológica de la palabra "virtud" (del latín virtus) significa "fuerza" o "vigor", y también "perfección" o "mérito" (del griego areté). Como ya sabemos, son un hábito, es decir una energía positiva y firme, una disposición estable para realizar actos buenos. Entretenidos en el trabajo interior de alcanzar estos hábitos buenos, hemos de distinguir entre virtudes sobrenaturales (llamadas "infusas") y naturales. 

Dios ofrece a toda persona un fin sobrenatural. Nos propone como fin de nuestra existencia llegar a ser un poco como Él. El término de nuestra existencia es llegar a contemplar a Dios y esto sobrepasa totalmente nuestras fuerzas. Necesitamos para conseguirlo, unos hábitos proporcionados a este fin que no dependen de nosotros. 

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02 No estamos acabados

Vivimos en un mundo técnico. Es una evidencia fácil de constatar. Las constantes conquistas de la informática y de la comunicación nos dejan sorprendidos y, los avances de nuestra sociedad occidental son tan rápidos que, a menudo, nos falta tiempo para digerir los continuos cambios a que estamos sometidos. 

Pero, en medio de esta riqueza material, se oyen voces que denuncian un progresivo abandono del cultivo de nuestro interior.

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03 Un árbol no es la paz

Entre las diversas concepciones en torno a la naturaleza humana, la teleología natural se fundamenta en la percepción de que el bien tiene carácter de fin, de modo que, como afirma santo Tomás, “el bien final de cada cosa es su perfección última”. La naturaleza del hombre es el despliegue de su ser hasta llegar a su bien final que constituye su perfección. La teleología parte del hecho de que hay orden en el universo y por eso es insostenible para quienes no lo aceptan. 

Sería falso afirmar la naturaleza humana de un modo abstracto e intemporal como propuso el racionalismo, pero sería igualmente desacertado decir que la verdad del hombre es relativa a cada momento histórico, como propugna el historicismo y el relativismo cultural.

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04 Pasamos a la historia

Juan de Sahagún Lucas, en Las dimensiones del hombre señala la historicidad humana como un factor estructural clave del crecimiento de la persona humana. La novedad de la persona está precisamente en estar por encima del mundo natural. Es una realidad original que tiene carácter progresivo y autocreativo, es decir, se hace en sus actos. A partir de las conquistas culturales pasadas camina hacia el futuro. 

En la base de la historicidad está la libertad como fuerza que configura el hombre biológica y existencialmente. Si únicamente contempláramos la historicidad como fugacidad o inconsistencia, estaríamos aplicando a la persona humana el concepto de tiempo únicamente apropiado para ser aplicado a cosas materiales.

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05 ¿Morimos, y ya está?

Como afirma H. Plessner, en La risa y el llanto: “llorar es el lenguaje de la tristeza o el miedo”. C.S. Lewis, en El problema del dolor; y V. Frankl, en El hombre doliente, advirtieron, desde perspectivas muy similares que lo primero que debemos hacer con el dolor es aceptarlo. Acoger este momento dramático de nuestra existencia y sobreponerse al dolor es convertir el hecho doloroso en una tarea ilusionante, que no es otra que la de reorganizar la propia vida contando con esta dramática verdad que hay dentro de nosotros. 

El sufrimiento nos lleva a realizar un discernimiento entre lo que hay de importante en nuestras vidas y lo que no vale y por tanto nos ayuda a distanciarnos de nuestros propios deseos y miedos.

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06 El ojo no se ve

Las características propias del pensamiento humano arrojan mucha luz sobre la espiritualidad del entendimiento humano. El pensamiento tiene la característica de la infinitud ya que potencialmente el pensamiento está abierto a toda la realidad existente. De ahí que no exista un pensamiento último de las cosas. 

De un modo jocoso todos podemos recordar que de pequeños, en nuestras discusiones de jóvenes filósofos, uno podía responder “infinito más uno” cuando en interlocutor le parecía que afirmar “infinito” era cerrar definitivamente la tendencia intelectual a buscar el pensamiento infinito. 

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